¿Cuántos años podemos vivir?
y cirugía inspirada en violetas
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En un afán por prevenir el envejecimiento, el millonario Bryan Johnson creó el primer autoexperimento para intentar rejuvenecer biológicamente. En su Proyecto Blueprint, Johnson gasta unos 2 millones de dólares al año en suplementos, un equipo de más de 30 médicos y terapias experimentales. Según sus afimaciones, su sistema cardiovascular equivale al de un atleta de 18 años (aunque tiene 48). Sin embargo, la ciencia es escéptica sobre la capacidad de frenar el envejecimiento de manera ilimitada. ¿Sabemos cuántos años podemos vivir los humanos en realidad? ¡Sigue leyendo!
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👫 ¿Cuánto podemos vivir los humanos?

Las claves
En una entrevista para la revista Nature, el experto en longevidad Saul Newman, de la Universidad de Oxford, defiende que la inmensa mayoría de los casos de longevidad extrema en el mundo no son reales: surgen de registros civiles defectuosos o fraudes en el cobro de pensiones.
En su reciente libro Morbid, Newman detalla el gran problema de la investigación sobre el envejecimiento: la documentación de la edad de las personas depende exclusivamentelos de los registros.
Si los documentos son coherentes pero falsos (por ejemplo, alteraciones de edad para evitar el servicio militar, robo de identidades entre familiares, o errores administrativos) no existe un método reproducible para descubrirlo.
Incluso las herramientas genéticas modernas sufren este sesgo. Los biomarcadores de envejecimiento, como los relojes epigenéticos, se calibran utilizando registros administrativos como referencia. Si los documentos son incorrectos, el análisis biológico arrastra estos errores.
Para solucionarlo, el investigador propone implementar medidas objetivas de la edad basadas en la física, como la datación por radiocarbono o el uso de las proteínas en tejidos del ojo o dientes. Solo así se pueden calibrar correctamente estas herramientas.
🏃♀️➡️ ¿Son reales las “zonas azules”?
Newman considera que las afirmaciones sobre los límites de la vida humana y las famosas “zonas azules” (regiones en países como Italia o Japón con gran cantidad de personas muy longevas) no tienen base científica sólida.
Al analizar los registros de población, el investigador descubrió que al menos el 72% de los registros de centenarios en Grecia correspondían a personas fallecidas cuyos familiares seguían cobrando la pensión.
Este problema es universal. Por ejemplo, debido a la falta de documentación oficial durante la Segunda Guerra Mundial, una parte muy importante de la población estadounidense presentaba discrepancias de diez años o más entre su edad en el censo y su edad real en los años 60.
La longevidad extrema reportada suele concentrarse, de forma muy sospechosa, en lugares con sistemas de registro débiles, bajos ingresos y escasez histórica de certificados de nacimiento, un patrón totalmente opuesto a lo que dictaría la biología.
💡¿Sabías qué?
El investigador se muestra sumamente escéptico frente a los famosos experimentos de prolongación de vida en animales de laboratorio, señalando que existe una brecha enorme entre estos entornos controlados y las poblaciones humanas que aún no se ha logrado cruzar. Según Newman, “si las terapias y los suplementos contra el envejecimiento funcionaran de verdad, sus beneficios clínicos para reducir el riesgo de muerte serían tan evidentes que no necesitarían el gran marketing del que gozan en la actualidad”.
📡 Violetas inspirando la cirugía del futuro
Las claves
Muchas plantas diseminan sus semillas mediante una explosión que las libera de golpe, normalmente de forma impredecible e ineficiente.
Sin embargo, las violetas han desarrollado un asombroso sistema que funciona como una catapulta natural y progresiva.
En lugar de una sola explosión, las valvas (las cápsulas que contienen las semillas) de sus vainas se deforman gradualmente, expulsando las semillas una a una.
Esta estrategia logra lanzar cada semilla con una fuerza propulsora constante, convirtiendo cerca del 40% de la energía almacenada en la vaina en energía de movimiento (cinética). Esto supone una eficiencia altísima de aprovechamiento de energía, en comparación a menos del 1% que alcanzan otras plantas.
Inspirados por este diseño biomecánico natural, investigadores de la Universidad Nacional de Seúl han logrado desarrollar herramientas médicas blandas capaces de suturar heridas o extirpar tumores de forma autónoma.
🪻 De la botánica al quirófano
En la naturaleza, la vaina de la violeta se deforma al perder en torno a un 20% de su humedad. El tejido se contrae y empuja las semillas, comenzando a cerrarse y desplazando la fuerza desde la punta hacia la base.
La forma semicircular del tejido de la planta le permite generar una enorme fuerza de flexión utilizando muy poco material.
Los investigadores replicaron esta estructura creando pequeños dispositivos formados por un material elástico y flexible (el elastómero) y una esponja. Estos dispositivos están diseñados para activarse rápidamente de forma autónoma al absorber humedad.
Al entrar en contacto con líquidos como la sangre, la esponja absorbe la humedad y desencadena un pellizco de cierre en apenas unos segundos para sellar heridas.
Los investigadores también han diseñado dispositivos en forma de cremallera, equipados con microcuchillas, que al mojarse pueden seccionar y extirpar tumores en cirugías de difícil acceso.
💡¿Sabías qué?
Las violetas han mantenido un gran significado simbólico a lo largo de la historia. Han sido utilizadas con fines medicinales, en la elaboración de vino y en la perfumería. En los imperios griego y romano, protagonizaron diversos relatos mitológicos, y hoy en día, son poderoso símbolo del movimiento feminista. Las violetas inspiraron a William Shakespeare a escribir sobre los amores tan intensos como fugaces. En Hamlet, el genio de la literatura compara el amor juvenil con esta flor: "Una violeta que en la primavera juvenil de la naturaleza se adelanta, no permanente, dulce no duradero, perfume de un momento y nada más".
💊 Guerra de microbios

Las claves
Históricamente, la ciencia pensaba que las bacterias tenían mecanismos de defensa simples y completamente distintos a los nuestros. Pero nuevas investigaciones están cambiando esta idea.
Un artículo publicado en Science cuenta cómo varios componentes clave de la inmunidad humana podrían tener su origen en una guerra microscópica que empezó hace miles de millones de años.
La investigación identifica que algunas de las herramientas que hoy usan nuestras células para defenderse podrían venir de mecanismos que las bacterias desarrollaron para sobrevivir al ataque de los virus bacteriófagos (aquellos que infectan bacterias).
Estos descubrimientos abren un campo de posibilidades. Estudiar las defensas bacterianas puede ayudarnos a entender mejor cómo funciona nuestra propia inmunidad, por qué a veces se descontrola en enfermedades inflamatorias o autoinmunes, y cómo diseñar nuevos tratamientos.
También puede abrir nuevas puertas en biotecnología: la inmunidad bacteriana podría utilizarse para editar o modificar material genético en otros organismos.
⚔️ Defensas muy humanas
La idea empezó a gestarse en 2013, cuando el bioquímico Philip Kranzusch estudiaba una de las piezas biológicas que usa la bacteria del cólera para funcionar, descubriendo que se parecía muchísimo a una proteína humana que actúa como defensa frente a virus invasores.
Desde entonces, la evidencia ha ido creciendo. Uno de los ejemplos más importantes es CBASS, un sistema bacteriano que detecta infecciones por virus y activa una señal de alarma. Este sistema se parece mucho a una vía clave de la inmunidad humana, cGAS-STING, que participa en la respuesta frente a infecciones, inflamación y cáncer.
La conexión va aún más allá. Algunas investigaciones han observado que ciertas proteínas antivirales humanas pueden funcionar dentro de las bacterias para defenderlas frente a virus.
Por ejemplo, en un experimento, los investigadores introdujeron una proteína del sistema inmune humano en bacterias E. coli (la bacteria que causa infecciones de orina de forma más frecuente). Esta proteína fue capaz de protegerlas del ataque de virus bacteriófagos de la misma forma que lo hace en nuestras células.
💡¿Sabías qué?
Los científicos están usando inteligencia artificial para descubrir defensas bacterianas que todavía no conocemos. Uno de los modelos, llamado DefensePredictor, analizó 1.000 genomas bacterianos e identificó casi 3.000 grupos de proteínas que no tenían relación evolutiva conocida con sistemas de defensa ya descritos. Esto significa que las bacterias podrían esconder un repertorio enorme de herramientas que está aún por descubrir. Algunas de ellas podrían ayudarnos a entender mejor nuestra inmunidad y desarrollar nuevos tratamientos.
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