Hantavirus
y el poder de un pez gigante
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El brote de hantavirus detectado en el crucero Hondius ha despertado gran atención mediática, alimentando el miedo a una posible pandemia. Esta semana os contamos qué es realmente el hantavirus, cómo se transmite y por qué no encaja con las teorías de la conspiración que circulan en redes. También os hablamos de una fascinante iniciativa de conservación que demuestra cómo el conocimiento local y la protección de la biodiversidad pueden ir de la mano para cambiar el mundo.
✨ Somos Arce Domingo e Irene Martínez-Morata, científicas y divulgadoras. Cada semana os traemos las principales novedades de la ciencia en menos de 10 minutos de lectura. Si te gusta lo que lees, déjanos un like, suscríbete y compártenos con tu red.
💊 Hantavirus: mitos y verdades
¿Qué son los hantavirus?
Se trata de una familia de virus que existen de forma natural en roedores, murciélagos, y animales que se alimentan de insectos. Los hantavirus viven en estos animales sin causar síntomas, y se transmiten de animales a personas.
Los pasajeros del Hondius se infectaron con la cepa particular llamada “virus de los Andes”, la única cepa de hantavirus en la que se ha confirmado científicamente la transmisión entre personas.
El síndrome cardiopulmonar por hantavirus comienza como una gripe común y, en cuestión de horas o pocos días, se puede convertir en una insuficiencia respiratoria aguda. La mortalidad es elevada entre aquellos que lo contraen, oscilando entre el 35 y el 50%.
La buena noticia es que el contagio entre humanos es extremadamente difícil. Se requiere contacto directo y prolongado con las secreciones de una persona enferma, como la saliva o el semen. Por ello, este virus no posee potencial para causar brotes masivos o una pandemia mundial.
🏥 ¿Qué riesgo supone para la población general?
El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades afirma que el riesgo para la ciudadanía europea es muy bajo por tres razones:
Las medidas de contención están activas: aislamiento de casos sospechosos, vigilancia estrecha de contactos y uso de equipos de protección por parte del personal sanitario.
La transmisión entre humanos sucede mediante contacto muy estrecho: no se han observado brotes comunitarios amplios transmitidos entre personas.
Esta cepa del virus habita principalmente en el ratón colilargo, una especie que no existe en Europa. Sin la presencia de este roedor, no puede establecerse.

🦠 Hantavirus vs COVID-19
A pesar de que ambos afectan al sistema respiratorio, estos virus poseen diferencias fundamentales.
El COVID-19 afecta a los pulmones causando inflamación y, en casos graves, neumonía. El hantavirus causa edemas, lo que hace que los pulmones se llenen de líquido.
Además, el COVID-19 se propaga muy fácilmente a través del aire y las gotas de saliva, de manera que una persona puede infectar a muchas. El hantavirus suele requerir espacios cerrados donde el virus está concentrado y contacto estrecho para el contagio.
Mientras que el COVID-19 se transmite en lugares concurridos, el hantavirus es un riesgo mayor para quienes realizan actividades rurales, de limpieza de depósitos, o senderismo en lugares donde el virus es endémico, es decir, en la Patagonia argentina y chilena.
El COVID-19 tiene un periodo de incubación corto, de 2-5 días, así que los síntomas aparecen poco después del contacto. En el hantavirus, el periodo puede ascender hasta los 42 días, lo que puede dificultar la identificación de los casos.
💉 ¿Existe tratamiento o vacuna?
Actualmente, no existen tratamientos específicos ni vacunas autorizadas. El tratamiento se enfoca en aliviar los síntomas, algo que resulta clave para aumentar las posibilidades de supervivencia.
Dado que estos virus suponen un riesgo para las tropas militares operando sobre ciertos terrenos, el Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE.UU lleva desde la década de 1980 trabajando en vacunas.
Un avance clave ha sido el desarrollo de modelos de una enfermedad letal muy similar al síndrome cardiopulmonar por hantavirus humano en hámsters. Esto proporciona un modelo animal realista para probar vacunas y tratamientos.
El equipo está llevando a cabo ensayos clínicos con vacunas contra el virus de los Andes y otras dos especies, pero se encuentran aún en fases iniciales.
👩🔬 Enfoques creativos de investigación
Los casos humanos del virus son raros y geográficamente dispersos, por lo que no existe una región concreta donde se concentren suficientes casos para hacer un ensayo clínico a gran escala.
Esto dificulta la autorización de la vacuna, así que los investigadores han tenido que recurrir a un enfoque más creativo: utilizar anticuerpos neutralizantes.
Se trata de unas proteínas del sistema inmunitario que se unen al virus, bloqueando su capacidad de infectar las células. Los ensayos de fases tempranas han demostrado que la vacuna para el virus de los Andes induce estos anticuerpos en humanos, lo cual es una señal prometedora de protección.
Sin embargo, los científicos destacan la falta de financiación en este campo. Al tratarse de infecciones muy raras, no representa un mercado atractivo para la industria, lo que hace que el progreso en las investigaciones sea lento.
💡¿Sabías qué?
Los científicos también exploran otros enfoques: al vacunar a vacas modificadas genéticamente que producen anticuerpos totalmente humanos, han sido capaces de crear un producto de anticuerpos que protege a los animales contra el virus de los Andes y otras tres especies de hantavirus. Sin embargo, aún no ha entrado en fase de ensayos en humanos. También exploran las vacunas ARNm, que se pueden desarrollar con rapidez, como se demostró durante la pandemia de COVID-19. No obstante, la investigación sobre estos virus se considera de alto riesgo, y pocos laboratorios cuentan con medidas de bioseguridad para estudiarlos de forma segura.
🌱 El pez gigante que está ayudando a proteger la Amazonia

Las claves
En los rincones más remotos de la Amazonia, científicos trabajan con comunidades locales para proteger un ecosistema y, al mismo tiempo, impulsar la economía.
Allí, varias comunidades trabajan para proteger al arapaima, también conocido como pirarucú: uno de los peces de agua dulce con escamas más grandes del mundo. Puede medir hasta 3 metros y pesar unos 200 kilos.
Durante décadas, el arapaima se pescó de forma intensiva para consumo y venta. Aunque Brasil prohibió su pesca en el estado de Amazonas en 1996, la pesca ilegal continuó, llegando a una sobrepesca de más del 90% en 2010.
La solución empezó a tomar forma cuando el Gobierno brasileño creó reservas extractivistas: territorios donde se prohiben actividades destructivas como la pesca industrial, la tala o la agricultura a gran escala, pero se permiten usos sostenibles por parte de las comunidades locales.
🐟 Sostenibilidad y sustento económico
Al principio, no todo el mundo creía que el sistema fuese a funcionar. En São Raimundo, la primera captura autorizada fue de solo 150 peces en 2011.
Pero la población de arapaimas se recuperó rápidamente. El año pasado, la comunidad capturó unos 620 ejemplares, generando más de 70.000 dólares para una comunidad de unas 200 personas, alrededor de una cuarta parte de sus ingresos anuales.
Las ganancias también han ayudado a financiar paneles solares y baterías suficientes para abastecer de electricidad a toda la comunidad. Hasta el año pasado, los habitantes tenían solo tres horas diarias de electricidad mediante generadores diésel. Ahora tienen electricidad durante todo el día.
🏞️ Aliados de la naturaleza
Los datos ecológicos son igual de llamativos. En un estudio de 83 lagos, los investigadores encontraron que en los lagos abiertos a la pesca libre había, de media, 9 arapaimas. En cambio, en los lagos protegidos, había más de 300.
Además, otras especies como las tortugas de agua dulce o los caimanes negros eran 10 veces más abundantes en los lagos protegidos.
Por otra parte, las comunidades que gestionan el arapaima protegen unos 150.000 km² de selva tropical en la Amazonia occidental de la pesca furtiva.
Brasil ha anunciado un programa piloto de dos años para pagar el equivalente a 3 millones de dólares a unas 5.500 personas en más de 400 comunidades amazónicas por los beneficios ambientales asociados a la gestión del arapaima.
💡¿Sabías qué?
El arapaima tiene una característica muy especial: necesita subir a la superficie para respirar. Los científicos y las comunidades locales utilizan este comportamiento para contar cuántos arapaimas viven en cada lago. Lo hacen desde pequeñas embarcaciones donde esperan a que los peces salgan a tomar aire y registran sus apariciones. Con esos datos, pueden estimar cuántos individuos hay y decidir cuántos se pueden pescar sin poner en riesgo la población.

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