Pienso, luego existo
La batalla por proteger nuestro mundo interior
🌱 Medio ambiente | 📡 Tecnología | 💊 Salud y medicina | 👫 Sociedad
El cerebro, con todas sus neuronas y conexiones, determina nuestra identidad. Nuestros pensamientos, nuestros secretos mejor guardados, nuestros sueños, nuestros miedos, y la esencia de nuestra personalidad se encuentran en él. Hoy, cuando la tecnología empieza a ser capaz de leer los mapas de nuestra mente, surge una de las preguntas más importantes de nuestro siglo: ¿a quién pertenece la soberanía de nuestro mundo interior?
El doctor Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia y uno de los neurocientíficos más respetados a nivel mundial, lidera la defensa de los llamados “neuroderechos”. Consisten en la protección legal y ética de la privacidad de la mente humana frente a dispositivos capaces de descodificar nuestros pensamientos. Esta semana asistimos a su ponencia en el Congreso de los Diputados, donde el investigador trasladó un mensaje claro: los neuroderechos deben ser protegidos por ley en todo el mundo.
💊 El momento Oppenheimer
Las claves
En 2019, tras casi 15 años de investigación, la revista Cell publicó un estudio del grupo del doctor Yuste en el que mostraban que habían sido capaces de manipular la conducta de los ratones.
El equipo utilizó ratones entrenados para beber de un surtidor de agua cuando veían barras verticales en una pantalla.
Modificando sus neuronas, lograron que los ratones creyeran que estaban viendo la imagen de barras y bebieran del surtidor, cuando en realidad no estaban viendo nada.
Es decir: lograron manipular su actividad cerebral para hacerles creer que estaban viendo cosas que en realidad no veían, influenciando así su conducta.
“Aquella noche no dormí. Tuve un “Momento Oppenheimer””, explica el doctor Yuste. “Habíamos logrado un avance histórico que podría ayudarnos a entender mejor el cerebro humano y a tratar enfermedades psiquiátricas. Sin embargo, al igual que el descubrimiento de la bomba atómica, nos enfrentaba a unos problemas éticos y sociales que amenazaban la existencia de la humanidad”.
🧠 Terapia neurocientífica
Muchas enfermedades neurológicas y psiquiátricas son causadas, al menos en parte, por alteraciones en las redes de neuronas en el cerebro.
Por ejemplo, en el Parkinson se alteran los circuitos que regulan el movimiento, en la epilepsia se producen circuitos anormales entre neuronas, y las redes relacionadas con la percepción, el ánimo, la memoria, o la motivación son clave en trastornos como la depresión, la esquizofrenia o el Alzheimer.
Por eso, aprender a identificar y modular grupos concretos de neuronas podría abrir la puerta a tratamientos más precisos para enfermedades difíciles de tratar.
El precedente más cercano es la terapia de estimulación cerebral profunda, que ya se usa para modular circuitos cerebrales en trastornos como el Parkinson. Sin embargo, estas técnicas estimulan regiones amplias del cerebro y tienen numerosos efectos secundarios.
El descubrimiento del laboratorio de Yuste apunta hacia la posibilidad de intervenir sobre grupos muy específicos de neuronas asociados a una conducta.
Esta es la promesa y el riesgo: la misma tecnología que podría ayudar a restaurar una función perdida también podría usarse, si no se regula, para interferir en la autonomía mental.
💡¿Sabías qué?
Santiago Ramón y Cajal, primer Premio Nobel español y considerado uno de los padres de la neurociencia moderna, comparó el cerebro con una “selva impenetrable”. Gracias a sus descubrimientos sabemos que el cerebro es una compleja red formada por células individuales: las neuronas. Cajal estaba convencido de que todos podemos ser, si nos lo proponemos, escultores de nuestro propio cerebro. Fue el primero en sugerir que el cerebro no es rígido, sino que se moldea cuando aprendemos algo nuevo (lo que hoy llamamos plasticidad cerebral).
📡 Interfaces cerebro-computadora
Las claves
Aunque parezca ciencia ficción, las interfaces cerebro computadora (ICC) son capaces de establecer comunicación directa entre el cerebro y dispositivos externos.
Registran señales cerebrales y las traducen en órdenes como mover un cursor, escribir en una pantalla, controlar una prótesis o incluso generar voz.
Por ejemplo, pequeños dispositivos instalados en la laringe pueden devolver la voz a personas que la han perdido, como os contamos en este post.
Algunas interfaces decodifican señales cerebrales que pueden aparecer antes incluso de que la persona tenga plena conciencia de su intención.
Es el caso de Nancy Smith, una mujer con tetraplejia que participó en ensayos de ICC en Caltech. Antes de su accidente, Smith tocaba el piano. En el estudio, se le colocó un implante que le permitió controlar un teclado virtual imaginando que tocaba.
Ella relató que a veces sentía como si el piano se tocara “solo”, antes de que ella fuera consciente de haber decidido pulsar esa tecla.
🖥️ De la clínica al mercado
Lo que preocupa a los neurocientíficos es que estas tecnologías ya no pertenecen únicamente a laboratorios y hospitales.
Empresas tecnológicas están invirtiendo millones en dispositivos capaces de registrar señales neuronales para escribir, interactuar con ordenadores, jugar a videojuegos, dormir y concentrarse mejor.
La preocupación va más allá: un informe de la Neurorights Foundation analizó en 2024 las políticas de privacidad de 30 empresas que están fabricando estos dispositivos.
En 29 de ellas, el cliente otorga a la compañía la propiedad de todos sus datos neuronales para siempre tras someterse al tratamiento, e incluso el derecho de vender sus datos a otras empresas.
Por eso, establecer los neuroderechos es una respuesta necesaria a un mercado que ya avanza mucho más rápido que la regulación.
👫 Los neuroderechos
¿Cómo protegemos los datos cerebrales de los ciudadanos? En el año 2017, la Universidad de Columbia recibió a un grupo de 25 expertos en derecho, neurociencia, y derechos humanos de todo el mundo para analizar las consecuencias éticas y sociales de las neurotecnologías.
Las bautizaron como neuroderechos, y se pusieron de acuerdo en cuatro prioridades éticas:
Derecho a la privacidad mental: nuestra mente no puede ser decodificada sin nuestro consentimiento, y la venta o transferencia comercial de los neurodatos debe ser regulada.
Derecho a la identidad personal: nuestra conciencia o identidad individual y la capacidad para elegir nuestras acciones deben protegerse como derechos humanos fundamentales.
Regulación del aumento mental y cognitivo de la especie humana: se deben establecer directrices internacionales para fijar límites al aumento cognitivo y definir cómo y cuándo puede utilizarse, tal y como está ocurriendo con la edición genética.
Derecho a la protección sobre sesgos y discriminación: el acceso a las neurotecnologías debe ser equitativo.
El punto más polémico es cómo regular el posible aumento de las capacidades cognitivas (como la memoria o las experiencias sensoriales).
Algunos expertos creen que habría que prohibirlo, mientras que otros creen que habría que hacerlas accesibles a toda la ciudadanía.
Yuste propone que esto sea considerado como un tratamiento médico, de forma que la decisión de aumentar las capacidades cognitivas no dependa del individuo, sino de un diagnóstico médico.
💡¿Sabías qué?
Hace dos años, un grupo de científicos de la Universidad de Boston logró estimular una parte del cerebro de 150 personas y aumentar su memoria en un 30%. El estudio se publicó en Nature Neuroscience y el siguiente paso consiste en probar esta técnica en pacientes con Alzheimer o demencia. Se trata de una de las fascinantes aplicaciones clínicas de la neurotecnología, pero al abrir la puerta a descifrar y modificar la esencia de la mente humana, debemos asegurarnos de que estas técnicas estén extremadamente protegidas antes de que comiencen a usarse de forma generalizada.
📕 De la teoría a la práctica
Mientras el consenso internacional se demora, Chile ha sido el primer país del mundo en introducir una enmienda a la constitución en la que se protegen los neuroderechos, aprobada de forma unánime por el congreso y el senado en 2021.
A este caso de éxito le han seguido algunos estados de EEUU como Colorado y California. En Europa, por el momento, ningún país ha legislado al respecto.
“Los tratados internacionales que se han usado para regular la tecnología nuclear o las armas biológicas deberían usarse también para regular los neuroderechos (por ejemplo, en el contexto de Naciones Unidas)”, opina el doctor Yuste.
Cantabria impulsó la primera ley europea para proteger los datos cerebrales en 2025, y está previsto que se apruebe durante este año.
De ser así, no solo sería la primera comunidad autónoma de España con una ley de este tipo, sino que se convertiría en la primera región de toda la Unión Europea en tener una ley vinculante que regule el acceso a nuestra mente.
“La neurotecnología será una revolución de la especie humana comparable al Renacimiento, una etapa en la que podríamos alcanzar una teoría general de cómo funciona el cerebro. Nos llevará a un nuevo humanismo, y podremos por fin entender quiénes somos” — Rafael Yuste.
🚀 ¿Tienes propuestas de colaboraciones, o temas científicos sobre los que te gustaría saber más? ¡Puedes dejarnos un comentario en este post, o escribirnos un correo a telodiceunacientifica@gmail.com!





